Archivo para agosto 2009

El silencio de las sirenas – kafka.   Leave a comment

  

 

El silencio de las sirenas.
 
Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación. He aquí la prueba:
Para guardarse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones mas fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bién quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con inocente alegría.
Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas.
En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas les hizo olvidar toda canción.
Ulises, (para expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él se hallaba a salvo. Fugazmente, vió primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba más próximo, ya no supo mas acerca de ellas.
Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises.
Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habrían desaparecido aquel día. Pero ellas permanecieron y Ulises escapó.
La tradición añade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo.
 
Kafka.
 
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Publicado agosto 27, 2009 por rosawrosa en Revoltijo...

Amor y Pubertad – Marcelo Ferrer   Leave a comment

 

 

Amor y Pubertad.
 
Más allá de la ventana… el trigal. El viento mece las espigas y olas amarillas van y vienen con sincronizado desdén. Las pajosas cabezas de los espantapájaros, como puntos de i, asoman imperturbables su eterno silencio. Un metal imita mi queja preso del molino que debe su vitalidad al viento. Alguien lo puso ahí hace mucho tiempo al quitarlo de un yelmo. La ventana da a un huerto entorno a un sauce; allí, en desveladas noches de reposados aires, iba mamá a  abanicarse. Tras el banco bajo el sauce, el portal que da a la calle: hay voces tras la cerca rememorando romance. Vereda abajo, los matorrales.
De un espantapájaros era amigo; y junto a él, pasaba mis horas de niño… abstraído. Él me conversaba con sus brazos extendidos dándome consuelo hasta haberme dormido. El empajado, la tarde de ese domingo, rumbeaba junto a mí por la hondonada de los olivos.   
Domingo verde de olivos y mar, ¡ojeada fugaz! que en un remanso del alma hubo de anidar, cuando a sus ojos de jade me dispuse a mirar. Y cobró vida la huella tras el portal; y calle abajo… cobró vida también el matorral.  Y de jade fueron los paisajes de mi ventana hacia el trigal; y la cerca, a la calle, umbral del cielo al verla llegar. Y ahora era un pez en su colosal mar, o de pronto, con ella, tumbando jaramagos del matorral. Como el molino que ama al viento aunque le esmerile el cuerpo, amé a la profana del paso procaz, que se llevó mi puericia… para siempre… jamás.
  
Niñez frugal que partió de sus labios con el rumbo incierto del amor fugaz; aunque anillado de escamas como pez de mar, sigo preso en su mirada… que a veces vuelve, otras, se va.
   
Anochecí semanas esperándola… regresar… como pez asfixiado en diminuto mar. El jade de sus ojos, su paso procaz; el paisaje de niño del ventanal, la pubertad; como ella, no volvieron jamás.  
 
MARCELO FERRER
 

Publicado agosto 27, 2009 por rosawrosa en Poemas.

Llega el tiempo de cerezas.   Leave a comment

  

 

Llega el tiempo de cerezas.
 
Llega el tiempo de cerezas rojas crujientes
    para encender la lengua sentir el jugo acariciando la garganta.
    El tiempo esperanzado
 del viento que discurre, suave, entre los árboles.
    El tiempo de las mujeres que anhelan caricias y se acercan desnudas buscando el abrazo
que les dé el calor de una voz el viajar de la sangre el rumor de la hierba creciendo 
en lo invisible el misterio del beso boca sexo manzana.
    Llega el tiempo de radiantes desafíos.
 
Autor desconocido por mí.
 
 

Publicado agosto 27, 2009 por rosawrosa en Poemas.