Archivo para enero 2007

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Me gusta sentir la brisa de la mañana en mi rostro encendido por los primeros rayos solares. Me gusta escuchar una bella canción y poner todos mis sentidos en ella. Me gusta pensar y sumergirme en mis pesares para encontrar soluciones. Me gusta disfrutar del primer beso que ofrezco a mi amada.
Me gusta sentir el escalofrío del viento helado de las montañas en pleno verano. Me gusta pasear en buena compañía. Me gusta sentir lo que hay a mi alrededor, cerrar los ojos y situar plenamente lo que me rodea, toda la belleza. Me gusta interpretar los pensamientos de antaño con un buen vaso de zumo de melocotón. 
Me gusta cerrar los ojos e imaginar encontrarme en otro lugar, muy lejano, aunque cercano en ese mismo momento. Me gusta amar y ser correspondido. Me gusta que me comprendan y me hagan sentir a gusto. Me
gusta leer un buen libro a la luz de una vela y con una cálida voz que me cante al unísono.
Me gusta tener a mi lado a mi gente aunque no sea siempre. Me gusta que me besen atentamente, dando rienda suelta a la imaginación, fundiéndonos hasta ser uno. Me gustan las caricias sentidas con bellas palabras perdidas. Me gusta imaginarme que un día el amor llamará a mi puerta y me dirá: -Soy tuya- y podré responder: -Eres dueña de mi vida-.
Me gusta esto que estoy haciendo, escribir lo que me viene en la cabeza, sin pensar, sólo escribir. Me gusta tener mis momentos de intimidad para gozar de la más pura soledad. Me gusta hacer el amor apasionadamente y entregarme a ello hasta que los ángeles pidan clemencia.
Me gusta entregar todo mi ser a aquella persona que amo.
Me gusta tener ganas de vivir. Me gusta tener sensaciones que no abarcan este mundo. Me gusta pensar que un día el sentimiento que comparto en
soledad, sucumba a las irrisorias sombras de la oscuridad. 
Me gusta el bien y también el mal.
 Me gusta el primer cigarro después de comer, lo disfruto, lo saboreo. Me gusta la sensación de tenerlo todo pero a la vez no tener nada, porque así comprendo que las pequeñas cosas son las que importan.
Me gusta hablar con la gente. Me gusta escuchar a la gente. Me gusta mirar a la niña de mis sueños a los ojos y traspasar su barrera impenetrable para que se entregue enteramente a mí. 
Me gusta introducirme en la oscuridad de una discoteca y dejar volar mi imaginación en un arrebato de movimientos esporádicos. Me gusta creer
en ti. Me gusta sentirte. Me gusta esta vida, la que me ha tocado, con sus pros y sus contras, porque es la que me corresponde. Me gusta como soy, porque no soy falso e intento ser auténtico.
 
Autor desconocido por mí.

 

Publicado enero 23, 2007 por rosawrosa en Revoltijo...

Romualdo – Mabel Araujo   Leave a comment

 
 
 
Romualdo.
 
Emilia y Genoveva eran dos hermanas cincuentonas, que vivían allá, por el barrio Jacinto Vera.
En un tiempo habían pertenecido a la alta sociedad montevideana, pero ahora, venidas a menos, vivían de una pequeña renta, de unas casas heredadas de sus padres. Y no habiendo conseguido un buen partido para casarse, permanecían "solteronas", como se decía en los años cuarenta. Porque ahora, que una mujer sea soltera no llama la atención a nadie, pero en esa década, era una tragedia. La que llegaba a los veinticinco años y no había pasado por el Registro civil, y por la Santa Iglesia, estaba sometida a toda clase de murmuraciones, de los conocidos y familiares, que ya la condenaban a vestir santos.
Emilia se había puesto su mejor vestido, aquel que usaba cuando iba a misa los domingos, se había maquillado y hasta había ido a los de Teresita, la peluquera.
-¿Vas a salir, Emilia?¿Por qué no me avisaste que hoy empezaba una novena? Así yo también iba.- Dijo Genoveva, viendo a su hermana tan acicalada.
-Es que no voy a ninguna novena, voy a una cita.- Contestó Emilia, muy desenvuelta.
-¿Una cita? ¡Ya sé, te vas a encontrar con Carmencita a tomar el Té!- Indagaba Genoveva.
-No, es una cita con un hombre.- Los ojos de Emilia brillaban de entusiasmo, mientras que los de Genoveva se abrían desmesurados, por el asombro que la noticia le causaba.
-¿Con un hombre? ¡Pero vos estás loca Emilia! Si tu no conocés a ningún hombre. ¿Me estás haciendo una broma, no?-
-De ninguna manera hermanita, sí que conozco, se llama Romualdo y me espera en la puerta de un cine.- Decía Emilia, mientras daba lo últimos retoques a su apariencia.
-¿Dónde lo conociste?- Genoveva no salía de su estupor.
-Bueno, en realidad hoy nos vamos a ver por primera vez. Él envió una carta al programa aquel, que escuchábamos a veces por la radio. Aquel de solos y solas. Bueno, yo le escribí, él me contestó y quedamos en encontrarnos hoy.-
Contaba, Emilia, mientras, casi vaciaba un frasco de perfume sobre su persona.
-¿Y por qué no me contaste nada?- Reprochó Genoveva.
-Por cábala. Tu envidia podría haber arruinado todo.-
Emilia dio un vistazo a su cartera, para ver si faltaba algo.
-Tené cuidado con esas citas a ciegas, nunca resultan bien.- Comentó Genoveva.
-¡Viste, viste, ya sabía yo! Sos un pájaro de mal agüero. Mejor me voy porque se hace tarde.-
Emilia se dirigió hacia la puerta.
-Emilia, por favor cuidate.- Recomendó su hermana mayor.
-Sí, no te preocupes. Hasta llevo condón y todo.- Dijo Emilia fastidiada.
-¡Jesús, María y José! ¿Cómo podés decir esa palabrota? Nunca lo hubiera creído de vos, Emilia.- Genoveva se persignó.
-Condón no es ninguna palabrota, es el apellido del hombre que lo inventó.- Replicó enojada, Emilia.
-¿Y vas a perder tu virginidad? ¡Es un pecado mortal!- La voz temblorosa, por la impresión que ese pensamiento le causaba, hacía que Genoveva quedara perpleja ante la respuesta de su hermana.
-Si se presenta la ocasión. ¿Quién sabe? ¿Para que quiero mi virginidad a los cincuenta y cinco años?-
-¡Santa Bárbara bendita! Si te oyera el Padre Renato.- Se escandalizaba Genoveva.
-¿El Padre Renato? Buena pieza es ese, yo lo vi en la sacristía abrazando a la viuda de Etchamendi.- Dijo, irónica Emilia. 
A lo que Genoveva respondió.
-La estaba consolando, a la pobrecita.-
-¡Sí, sí, consolando! Más bien parecía que quería hacer la parte del muerto.-
-¡No seas sacrílega, Emilia, Dios te va a castigar!- Genoveva se persignó nuevamente.
Emilia llegó al cine. Romualdo había dicho que era alto, delgado, de cabello cano, y que iba a ir vestido con un traje azul. No había nadie con esas características. Emilia esperó y esperó, pero Romualdo no se presentó. Entonces, ella, cruzó la calle y se sentó en un bar. No acostumbraba a hacer esto, porque desde niña le habían enseñado que no era de una señorita decente, entrar a esos lugares.
Desde allí veía la puerta del cine, por las dudas que llegara Romualdo. Estuvo más de una hora sentada ante una taza de té que se fue enfriando, sin que ella la probara.
Pagó y se fue. Pasó por una florería y compró un ramo de rosas rojas. Le pidió al dependiente del local que escribiera en una tarjeta: "Adorable Emilia: Estas rosas rojas representan la pasión que tú despiertas en mí. Tu Romualdo."
-Es que mi jefe me manta hacer cada encarguito.- Comentó Emilia, al muchacho de la florería.
Llegó a su casa, su hermana tejía. Aunque se moría por saber qué había sucedido entre Emilia y Romualdo, no iba a preguntar nada.
-¡Ay, Genoveva!- Suspiró Emilia.- Romualdo es un hombre maravilloso. Tan gentil, tan respetuoso, tan apasionado. Mirá el ramo de rosas rojas que me regaló. Mirá la tarjeta, mirá. ¡Es tan dulce!- Suspiró, nuevamente, Emilia.
Genoveva miró, desdeñosamente las rosas y la tarjeta, y comentó:
-Escoba nueva, siempre barre bien.-
Emilia dijo con ironía a su hermana mayor:
-Y no te preocupes, que todavía soy virgen. Aunque no seré, por mucho tiempo.-
Genoveva se puso roja de rabia.
A partir de ese día, Emilia salía todas las tardes, a sus "citas" con Romualdo, y siempre volvía con algún regalo de él: bombones, flores, cadenitas, collares, pulseras…
-¿Cuándo vas a traer a Romualdo a casa?- Preguntaba Genoveva.
-Cualquier día de estos.- Respondía Emilia.
-Lo invitaremos a cenar.- Proyectaba Genoveva, que quería lucirse ante su futuro cuñado, porque ella era una buena cocinera.
Emilia tenía muchas cartas de amor, de Romualdo. Cuando ella salía, Genoveva las leía una y otra vez. Se hacía la ilusión que estaban escritas para ella. Más de una vez, tomó una de esas cartas, y la escondió debajo de su almohada, para embriagarse con el perfume varonil de Romualdo, que despertaba su sexualidad reprimida durante toda una vida. Soñaba que ese hombre le pertenecía. Hasta una noche, soñó que hacían el amor. ¿Quién escribía aquellas cartas? Emilia pagaba a un tipo que tenía ínfulas de poeta y le venían bien los pesitos que ganaba haciendo cartas de amor. El tenor de sus misivas iba desde el amor más espiritual y platónico, al más ardiente, capaz de poner en ebullición a la más fría de las mujeres.
Genoveva terminó un pullover que estaba tejiendo, se lo dio a Emilia y le dijo:
-Tomá, lleváselo a Romualdo de mi parte, y decile que quiero conocerlo, después de todo, seremos de la familia.-
¡Con cuánto amor había tejido ese suéter! ¡Cuántas veces lo había acariciado y cubierto de besos!
-A Romualdo le va a encantar.- Dijo Emilia, guardando el buzo en su bolso.
Cuando salió a la calle, se lo dio al poeta que le escribía las cartas.
Luego fue a una joyería.
-Perdí mi alianza, y no quiero que mi marido se entere, voy a comprar otra igual. Por favor, grávele la inscripción de Romualdo a Emilia.-
La vendedora de la joyería entregó el anillo a Emilia, y esta lo puso en su dedo de inmediato.
Esa tarde, llegó muy alegre a su casa.
-Dice Romualdo que muchas gracias por el suéter. Genoveva, mirá.- Le mostró el anillo que lucía en su dedo, brillante como el sol.
-Sabés, Romualdo me propuso matrimonio. Nos casaremos dentro de dos meses.-
Genoveva se puso pálida, parecía que su corazón quería detenerse. Hasta Emilia se dio cuenta de ello.
-¿Qué te pasa, Genoveva, no te gusta la noticia? ¿No te ponés contenta por mi felicidad? Ya sé, siempre fuiste una envidiosa.-
Emilia se retiró a su cuarto. No vio las lágrimas que corrían por el ajado rostro de Genoveva. Esta, desquiciada, por ese amor imposible, se dirigió al escritorio que había sido de su padre, buscó una hoja y una lapicera y escribió:
"Mi adorado Romualdo:
No puedo resistir la idea de perderte, sin ti, no quiero la vida. Contigo aprendí lo que es el amor. Aunque nunca te vi, fui mil veces tuya. Pude sentir tus besos en mis labios y tu piel en mi piel.
Tuya por siempre, aún después de la muerte.
Genoveva."

Abrió un cajón del escritorio, sacó un revolver y se descerrajó un tiro en la sien.

 
Mabel Araujo.
 
 

Publicado enero 22, 2007 por rosawrosa en Cuentos...

El silencio…   Leave a comment

 
 
 
 
 

 
    " El silencio es un ruido fuerte,
 quizás el más fuerte de los ruidos "  
 
 
 Autor desconocido por mi.

 

   

Publicado enero 21, 2007 por rosawrosa en Frases.

Cuando te asomes.   Leave a comment

 
 
 
 
 
 
 
Cuando te asomes.
 
Cuando te asomes al amor, tendrás derecho
de platicar con las destrellas de otro modo.
Brillarán todas ellas en tu pecho
y les podrás contar, todo de todo.
Cuando te asomes al amor, todas las flores
descubrirán a tus asombros inocentes
una gama más amplia de colores
y aromas que se antojan diferentes.
 
Autor desconocido por mí.

 

Publicado enero 21, 2007 por rosawrosa en Poemas.

Las palabras del amor.   Leave a comment

 
 
Las Palabras del amor.
 
Moriria un sentimiento,
plasmado en letra fria.
Para mi…., amante lejana,
las letras son las brasas
que permiten que la hoguera
de mis sentimientos contenidos,
hagan en ti nido.
Mi tierna carcelera,
poco a poco te doy mis poemas,
como la mas dulce ofrenda.
Mientras en mi tu amor deja sus huellas.
Que conservo escondido en mi cuerpo
las letras de la pasion verdadera,
que prende en mi fuego,
de lo que antes cenizas era.
Me hace sentirte cerca,
tal como si fuera, mas
la realidad muestra que son letras,
Pero en ella se expresa,
el amor que tengo por ella.
Entonces, las letras son palomas mensajes,
que entregan mis besos en tu puerta.
 
Autor desconocido por mí.
 
 

Publicado enero 21, 2007 por rosawrosa en Poemas.

Macao II. La historia de una nieta – Betty Alter.   Leave a comment

 
 
 
 
Macao II. La Historia de una nieta.
 
Todos los hermanos se llevaban muy bien y los nietos también. Muchos dejaron la religión judía y otros la continuaron.
Una de sus nietas era preciosa. Ojos rasgados medio achinados, color claro. Sus padres eran de los que seguían la línea del judaísmo.
Susana cumplió 18 años y, en un baile, un joven argentino que visitaba Montevideo, la conoció y se enamoró de ella. 
Le contó la historia de sus abuelos … y que tenía alguna probabilidad de tener hijos con rasgos chinos.
Al joven no le importo y se casaron.
Pablo y Susana vivían un romance maravilloso. Tuvieron cuatro hijos, la niña, increíblemente, salió bastante achinada; era la cuarta generación.
Se fueron a vivir a Buenos Aires, donde, esforzadamente, trabajaron y llegaron a una excelente posición.
Pero no todo en la vida sale redondo y Susana se enfermó muy grave. Pablo estaba desesperado. Les dijeron que en Israel había especialistas en lo que ella tenía y que viajaran allá.
Así lo hicieron, necesitaba un transplante de médula.
Estuvieron allí el tiempo necesario junto a dos hijos que los acompañaron, luego de estar mejor volvieron a Buenos Aires.
Cuando volvieron era la época de 1975 o 1976 … época en que el Rodrigazo dejó a bastantes ciudadanos sumidos en la miseria.
Trataron de remontar, pero cada día perdían más dinero y pasados unos años estaban en bancarrota, después de haber sido muy ricos.
Pero eso no seria nada. La salud de Susana comenzaba a decaer. Toda la familia decidió emigrar a Israel, más que nada porque tenían la esperanza que los médicos de allá podrían hacer mucho por Susana.
Llegaron al puerto de Haifa en el año 1980 …. increíblemente cien años después que el abuelo y bisabuelo chino Lee Fu había llegado al mismo puerto.
Allá vivieron con otro destino. Con otra forma de vida, en cien años, Israel se convirtió en un país pujante. El modernísimo llenó de espacios verdes y lugares hermosos.
Después de estar un mes, toda la familia decidió dar un paseo, un sueño que tenían. Fueron a Haifa a tratar de recorrer los lugares en que estuvo Lee, buscaron todo lo que recordaban, en especial Susana, de los cuentos de los abuelos que transmitieron a su familia.
Las montañas de las cuales él hablaba … ya tenían un tren extraño y empinado que las sube. Todo estaba diferente, era como si estuvieran en otro lugar, edificios nuevos, hermosos; en fin: volvieron contentos … miraban el mar que un día ese bisabuelo miró cuando el barco se alejaba, dejándolo en ese extraño país donde conoció el amor, y ahí se quedaron hasta que el sol desapareció del horizonte.
El otro hijo de Susana, que llevaba en la sangre todo el entusiasmo de recorrer mundo, como su abuelo Lee, decidió, algún día, visitar la ciudad de Macao.
Pasado un tiempo de vivir en Israel y hacer tres años de ejercito, cuando terminó, con un grupo de amigos, sacaron pasaje y se dirigieron a HONG KONG.
Visitaron todo lo que pudieron y de ahí se dirigieron a Macao.
Cuenta este bisnieto que, cuando legaba a esa ciudad, un sudor frió recorría sus sienes.
Su bisabuelo había nacido ahí, quizás existirían parientes, ya de cuarta generación … habría alguno vivo.
El llevaba unos papeles con que Lee Fu había salido de Macao, apenas se podían leer, tenían más de cien años … estaban dentro de un nylon … pero había un número de distrito.
Estaba en las afueras de Macao … allí se dirigió … buscó, habló, contó y …. nada, no encontró nada.
No a todos les interesa la vida de sus bisabuelos y menos en Macao, de alguien que se fue en 1880.
Siguió su viaje, volvió a Hong Kong con una sonrisa en el rostro … quizás ese bisabuelo, del que tantas veces escuchó historias, lo estaría mirando y su sangre y su alma, dentro de ese bisnieto llamado Alan, volvieron a pasar por el lugar que un día lo vio nacer y partir.
Volvió a Israel contento, no encontró ningún vestigio de familia de su bisabuelo pero para el fue como si Lee Fu hubiera retornado.
En nombre de toda la familia y por su recuerdo el estuvo en MACAO.
Recorrer cien años de historia no es fácil en unas líneas pero quise contar esta porque Susana, mi amiga hermosa, mujer de ojos achinados, judía, china y uruguaya, ya no vive, ella murió hace años y la recuerdo escribiendo a grandes rasgos la historia de su familia con esa mezcla exótica y diferente.
Como los hijos se van y próximas generaciones vuelven.
Eso esta pasando ahora en Uruguay, Argentina, etc.
Llegaron italianos, españoles y de muchos otros lados al puerto de Montevideo. Hoy toman un avión los nietos y vuelven al lugar de origen.
Ese sabor amargo que alguna vez sintieron nuestros antepasados, cuando sus hijos se iban … hoy nos toca a muchos sentir lo mismo.
 
Betty Alter.
 

Publicado enero 19, 2007 por rosawrosa en Cuentos...

Macao – Betty Alter.   Leave a comment

 
 
 
Macao.
 
Corría el año 1890. Cuando Lee Fu decidió salir de Macao (CHINA) para recorrer varios países en barco.
El era un gran cocinero, tenia 25 años y ansias de recorrer mundo y de vivir otras historias diferentes a las que él estaba acostumbrado.
Zarpó con sueños de ver un nuevo mundo. Tocaron muchos puertos hasta que un día el barco ancló en el puerto de Haifa (ISRAEL).
Bajó ese día por la pasarela como siempre a conocer un poco de los alrededores del puerto de cada lugar donde anclaban.
Se metió entre el gentío … comenzó a caminar … subidas grandes y medio montañosas … un habla extraña a sus oídos por supuesto … árabe y hebreo.
Después de pasear por unas cuantas horas trató de volver al barco pues a las 19 horas zarpaba …
Se perdió, y cuando pudo llegar vio el barco muy a lo lejos.
Se sentó mirando como se iban sus pocas pertenencias, menos mal que el dinero lo tenía con él.
Habían pocos lugares de comida por esa zona, pero se acercó a un tipo de café más grande, tratando de explicar que quería cambiar comida por trabajo.
Tuvo suerte y marcó en un papel que el barco se fue y con dibujos se pudo entender con el dueño o encargado de ese lugar.
Así estuvo trabajando y comiendo, y cuatro días después el dueño lo encontró durmiendo en el suelo y lo empezó a dejar dormir adentro.
Lee era muy avispado. Pronto, con su simpatía y su cómica forma de tratar de hablar hebreo se fue haciendo amigo de los parroquianos. Enseñó un poco sus comidas pero aprendió las del país.
A los 6 meses hablaba bastante bien el hebreo y ya le pagaban un sueldo con el que había alquilado una pieza. Vivía una experiencia extraña pero le gustaba todo lo que veía.
Los ingleses estaban allí y aprendió a hablar inglés.
Había un tren que recorría Egipto, Israel y llegaba a Beirut. Le encantaba cuando paraba en la parte israelí. Ver como llegaba gente con turbantes, mujeres con las caras cubiertas que para él le resultaba extraño.
Lee se entretenía yendo a los templos y lentamente se fue incorporando a la vida de Israel…
El era uno de los pocos chinos que salen muy altos; no era feo y muy pronto una muchacha judía, Dora, se enamoró de él. Los padres se oponían, pero esta jovencita era de carácter fuerte y pronto se juntaron.
Su sueño de viajar era eterno, pronto la convenció y programaron un viaje largo en barco a Europa y de allí a Sudamérica, a tierras vírgenes de las que se hablaba tanto.
No pasó mucho tiempo cuando subió nuevamente la pasarela de un barco junto a su amada.
Simplemente Lee era feliz cumpliendo sus sueños.
Después de recorrer algunos puertos de Europa, siempre bajando y trabajando para seguir la ruta predestinada llegaron a España y después de estar un mes embarcaron hacia Buenos Aires.
Trabajaban principalmente en restaurantes … cocinaban comidas chinas, árabes y judías … siempre encontraban candidatos que estaban felices de saborear lo que ellos hacían.
Pero el barco, después de parar en Rió de Janeiro, paró en Montevideo, antes de Buenos Aires. Ellos bajaron y les encantó las playas que vieron y se quedaron en nuestro país.
Montevideo estaba en sus albores, y todo el que llegaba trabajo tenia; faltaba gente y eran todos bienvenidos.
Dora empezó a hacer comidas o lo que viniera y Lee seguía cocinando, tuvieron 6 hijos … a los que los educaron en la religión judía … porque Dora antes de salir de Israel fue lo que prometió a sus padres.
Tres de ellos nacieron con facciones chinas, los otros tres como la madre.
Así pasaron los años.
Cada uno de ellos se casaron con cristianos y judíos y formaron familias, las cuales, de tantos nietos, algunos salieron con rasgos chinos.
Lee y Dora vivieron muchos años y fallecieron de viejos. Su familia se agrandó con muchos nietos.
 
Betty Alter.
 

Publicado enero 19, 2007 por rosawrosa en Cuentos...

Te conocí.   Leave a comment

 

 

 
 
 
V
 
Te conocí.
 
Te conocí y te amé, nada te importe
la causa del amor que me devora,
la brújula, mi bien, siempre va al norte,
la alondra siempre cantará la aurora.
¿No me amas ya? pues deja que soporte
a solas mi dolor hora tras hora,
no demando tu amor como un tesoro,
¡bástame con saber que yo te adoro!
 
Autor desconocido por mi.
 
 

Publicado enero 19, 2007 por rosawrosa en Poemas.

La Felicidad …   Leave a comment

 
 
¨ La Felicidad no se va,
sólo hay que abrir
las puertas del alma para recibirla¨ .
 
 
Autor desconocido por mí.
 

Publicado enero 19, 2007 por rosawrosa en Frases.

Un encuentro entre la paz y el amor – Victoria L.Aristizabal   Leave a comment

 
 
 
Un encuentro entre la Paz
y el Amor.
 
El amor como la paz andan libres buscando donde anidar
el ave se prende al pinar y el amor no tiene quièn le de hogar
el ave habla lengua de tristeza y el amor de añoranza
y ambos unidos ruegan muy tìmidos encontrar imperativos
el ave decide hospedarse en la razòn y el amor en el corazòn
mientras el ave aletea porque al adentrarse se ecuentra en trance
el amor tiene un tamborileo que desacompasa y ambos ponen
en una balanza quièn podrìa comenzar a equilibrar al portador
de este aparato locomotor que se llama humano para ver si
entre los tres pueden ceder y dejar las excusas para no cambiar
que se necesita la paz dice el ave y el amor le grita al corazòn
por favor necesito que enciendas bien el motor y te abrazes hoy
para que hospedes en tus habitaciones a todas las buenas
emociones porque nos vamos a repartir por todas estas locaciones
donde estan todos los seres que dices amar y el ave con argumento
de sabio le grita, hijo la ciencia te salva pero la ciencia divina
la ciencia fina, a la que sabes que tienes que creer, y tener mucha fe
que dentro de ti sabes porque aquì veo que es lo que debes hacer
el amor le dice con emociòn, hijo que acà yo veo que tienes ganas
de amar y de enamorar y de sentir y vivir y expresar y dejarte querer
y sentir un nuevo amanecer con la motivaciòn de que a todo lo que
hagas si le pones ganas te va a salir mejor y mira tu que si tu cara
cambia todos de ti se te pegaràn y te amaràn sin dificultad
echa andar que aquì adentro contigo nos quedamos el ave te eleva
y yo te armonizo y entre los dos te sintonizamos en una nueva
direcciòn donde no hay equivocaciòn sino una hermosa lecciòn y
nosotros te lo agradeceremos porque con uno que empieze la paz
y el amor, gran sembradìo tendremos.
 
Victoria Lucìa Aristizàbal.
 
 

Publicado enero 19, 2007 por rosawrosa en Revoltijo...