Archivo para diciembre 2005

Redes del alma.   Leave a comment

 
 
Redes del alma...redes de amor…
 
Redes del alma.
 
Detrás de la pantalla está tu rostro… lo imagino.. Pero quizás no sos como te pienso, ni te sueño…
 Entonces adivino…
 Tus ojos son marrones para escalar montañas de cariño?
 O verdes para correr por las praderas de tu vida sin temor?
 O azules para navegar por mares de ternura?
 O grises para saber que en tí mi tormenta ya termina?
 O arena para poder tenderme en tus playas y descansar?
 Con un cordón de plata nuestras almas se unen en el momento preciso ni antes ni después… Y en tu palabras te encuentro y me encuentro.
 Estás tan cerca y estás tan lejos…
 Mi abrazo no te envuelve, ni mi beso se encuentra con el tuyo pero yo te siento… y sé que vos sentís lo mismo…
 Detrás de la pantalla puedo descubrir que tus manos vibran al tocar el teclado y que tu ansiedad es la mía, que tus sueños son mis sueños, mi esperanza tu esperanza… 
 A la distancia dos almas se encuentran y sienten y suspiran en un mundo distinto y sorprendente en donde solo damos paso al sentimiento… en donde solo dejamos que fluya sin límite toda emoción… en donde somos como somos tan reales, tan auténticos…
 Estás ahí… Estoy aquí…
 Confías en mí… Confio en tí…
 Pensar que es tan dificil abrir el corazón a veces y sin embargo en este mágico mundo podemos hacerlo sin temor, sin pudor, sin límites y por sobre todo podemos ser nosotros mismos en cada palabra…
 Redes de amor que unen a miles de personas en el mundo… Redes que transportan sentimientos, soledades, ambiciones, dolores y pesares, fracasos y triunfos, lágrimas y sonrisas, aciertos y desaciertos…
 Redes de ilusiones… de amor…
 
Autor desconocido por mí.
 
 
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Publicado diciembre 31, 2005 por rosawrosa en Revoltijo...

Un libro y una flor – Lunay.   Leave a comment

 
     

Un libro y una flor.

 
"Se puede sentir la fragancia de la flor en mi pálida alma, tanto es que la visibilidad de un futuro aterra a la piel que invade mis pensamientos.
Así comenzaba ese libro…, así con esas tristes palabras que tanto hacían llorar a sus lectores.
Todo parecía perdido a sus ojos, todo en infinito, hasta que abrió la ventana y un gran aroma a magnolias le inundó el alma, le rodeo su corazón y le impulsó a dejarse llevar por tan lindo aroma…, aroma que más tarde le serviría para reconocer entre la gente…, reconocería así a su enamorado, a su sueño de mujer que se dejó caer en su más absoluta soledad.
La muchacha fue caminando hasta encontrar ese aroma tan conocido, y logró impreganarse toda de él. Llegó a unos grandes almacenes donde se disponían a realizar un concurso de breves relatos…, pero claro está, la muchacha no tenia nada de experiencia…, pero se dispuso a participar.
Sólo se oían comentarios de cuanto seria el premio, si a los ganadores se les obsequiaría con algún premio en especial.
Pero una voz le susurró al oído, que tan sólo se llevaría el ganador un ramillete de magnolias, regalo de una señora mayor que vivía en el campo solita, y tenia la grata satisfacción de obsequiar con esos aromas.
Se dieron los premios y a la muchacha se le concedió el premio a la sensibilidad y la ternura, pues la historia comenzaba así: "Se puede sentir la fragancia de la flor en mi pálida alma…".
A veces el mejor premio es el que nos perdura por siempre en el corazón…esos recuerdos y esos aromas de letras y flores."
 
Lunay.
 

Publicado diciembre 30, 2005 por rosawrosa en Revoltijo...

Memoria – Luis Bruschtein.   Leave a comment

Memoria.

Tiene un gran ventanal que da a la calle donde se ve a los ancianos sentados alrededor de una mesa.
Hay movimiento de sillas de ruedas y algunos viejitos solos, meditando, con la mirada perdida.
Se puede caminar por Buenos Aires y pasar, de repente, frente a un geriátrico y sentir el tiempo detenido con una densidad extraña y perturbadora.
Visto desde la calle parece el último tramo de la vida.
Pero allí dentro es más como otra vida con sus propios parámetros.
La confusión interrelaciona a los dos mundos, separados por ese vidrio que deforma y espeja.
La memoria de Pascual es como una plaza de otoño barrida por el viento.
A veces recuerda su trabajo como encuadernador en una imprenta del Once. No recuerda muchas cosas más.
Tampoco su memoria, ese remolino de hojas secas, es como se supone que debería ser.
En parte por eso y en parte por problemas de salud, la familia decidió internarlo en el geriátrico donde lo atienden las 24 horas.
Para el que pasa por la calle, la memoria tiene un valor totémico porque le permite saber quién es.
Quizá por eso Pascual tiene impreso el recuerdo, una isla que emerge en la laguna, de la imprenta del Once y sus compañeros gráficos.
Sobre todo recuerda que lo respetaban y lo querían.
Repite esa historia una y otra vez con el mismo entusiasmo, un hombre que ya no trabaja en un oficio que ya no existe.
Desde la calle, la memoria es cronológica, racional y clasificadora y se relaciona con las emociones desde su propia lógica.
La idea del hombre que es incapaz de retener lo que hizo un segundo antes, prisionero de un presente absoluto, aterroriza como perder la razón.
Ese miedo a perder la memoria tiene razón para casi todas las situaciones. Pero la historia de Pascual permite suponer, adivinar, intuir que no tiene porqué ser así siempre.
Pascual llegó al geriátrico poco tiempo después de la muerte de su esposa Lola.
La terrible pérdida hizo estragos en su salud y en su memoria.
Tras varias recaídas, en seis meses ya no era la misma persona. Lola había sido obrera textil y enfermera, era una tucumana de gran corazón pero de un carácter indómito y fuerte.
Tuvieron tres hijos, vivieron en Valentín Alsina, después en Once y, ya de viejos, en Castelar.
Lola fue su única mujer, de la que estuvo ciegamente enamorado, a la que nunca le vio defectos ni le planteó reclamos, la aceptó como si hubiera sido el mayor regalo de su vida.
Desde fuera se lo podría ver como sometido o pollerudo por ese amor incondicional.
Pero seguramente en esa incondicionalidad ingenua si se quiere, y pura, estaba la razón de su felicidad.
Porque el hombre fue feliz.
Ya en el geriátrico, una parte de Pascual parecía que aceptaba la muerte de Lola.
Pero en otra región de su cabeza, la borraba en forma automática casi al mismo tiempo en que surgía el recuerdo.
Es imposible explicar el mecanismo supuestamente arbitrario –o con una lógica tan diferente que resulta inconcebible– con que funciona su memoria: cuándo sabe que Lola murió o cuándo lo olvida.
La mayoría de las veces sólo recupera esa verdad dolorosa cuando alguien se la comenta, e inmediatamente la bloquea.
¿La razón es la razón? ¿O es nada más que una forma de razonar?
Los chicos razonan de una forma, los adultos de otra y los viejos razonan de muchas formas.
Mercedes y su esposo fueron internados en el mismo geriátrico y el señor falleció un año antes de que llegara Pascual.
Mercedes no se parece en nada a Lola ni Pascual al esposo de Mercedes.
Y pasaron varios meses sin tratarse hasta que Pascual se familiarizó con su nueva casa y empezó a relacionarse con sus compañeros.
No tenían historias parecidas ni los mismos rasgos, pero tenían la misma necesidad.
La memoria no recogió la historia ni los rasgos, los borró completamente, pero reconoció la necesidad y ciertas emociones.
Porque en un momento determinado,
Pascual tomó a Mercedes por Lola y Mercedes vio en Pascual a su marido fallecido. Y desde ese momento están todo el tiempo juntos, se cuidan y se preocupan uno por el otro.
En la sala del geriátrico se forman grupos alrededor de las mesas donde comen.
Pascual y Mercedes se buscan para sentarse juntos, se miran si están abrigados, si comen bien, se preguntan si les gusta lo que comen, o se dicen “papi” o “Lola”, sin que siquiera esos apelativos puedan perforar el lazo que los une.
Ninguna constatación evidente es capaz de hacerlos entrar en razón.
Y son felices con casi nada.
Como si en ese instante de la vida la memoria del amor se volviera tan imperativa y necesaria que anulara todo lo demás y sólo dejara el recuerdo de la emoción,el sentimiento puro y nada más.

Luis Bruschtein.

Publicado diciembre 30, 2005 por rosawrosa en Cuentos...

Arroz con leche en Año Nuevo – Beatriz G.Suárez   Leave a comment

 
                                

Arroz con leche en Año Nuevo.  

Mi abuela era una destacada cocinera. Mejor dicho había devenido tal con los años y las penas, ese arte se entretejió en su cuerpo después de que, junto a sus hermanos, fuera abandonada por la madre teniendo escasos ocho años y habiendo tenido que hacerse cargo de la olla familiar bien cerca de uno de ellos, Luis, quien a su vez preparaba viandas de campaña y colaboraba en un hotel de Tancacha donde estos chicos terminaron de criarse lavando sábanas a mano arriba de banquitos para llegar a la pileta pero también adquiriendo estos saberes de orégano y zapallo mucho antes de crecer lo suficiente.Tanto fue así que luego cocinaba para nosotras algunas exquisiteces que parecían provenir de rabiosas facultades o enseñanzas y no de esa pobreza extrema donde elaborar tomate había resultado casi una salvación.Hacía arroz con leche, bifes a la criolla espesos y musicales, fideos cortados mas finos que cabello, pascualinas sabrosas, papas fritas perfectas como teclas de un piano, catastróficas fritangas con aceite Patito de botella verde y gorda, un pollo "a la reina" que tal vez ella misma inventaba consistente en un ave gigante chorreada de salsa blanca con arco iris de zanahorias, harinas y huesos martirizados que representaba más bien la dosis de un medicamento plumoso allá en los años de mi estridente pubertad en que su magia aún no me había impactado tanto.Cocinaba además con pocos ingredientes, hacía ensaladas con lo que hubiera, restos de remolacha, un huevo,algunas sardinas perdidas en el océano de su iniciativa, nuez moscada persistente en heladeras vacías del alma, milanesas frente al rumbo maravillado de sus delantales.Era la Tata Gaspari con sus recetas sin papel donde todo era un chorro, dos poquitos, un pedazo, tres o cuatro gotitas, más o menos, a ojo.En el ademán imperativo de sus cucharones muchos en la casa hacíamos territorio y la mesa ideada por su ilusión daba apetito de vida para dejar atrás tanta cebolla equivocada, tanta desolación y falta de monarca en el sitio aquél de su infancia donde entre leche ardiente y olor definitivo esa madre había emigrado dejando a las criaturas por alguna fiebre pasajera.Cuando fue señora y de su hogar tuvo aparatos múltiples y sus cremas mucha tecnología.  Licuadoras, procesadoras, hornos y cuchillos sin accidente. Mejoró recetas y las llevó al colmo tal que al morir hubo una vacante entre esas ollas que nadie jamás logró volver a ocupar. Fue como si un gigante irrevocable hubiese tomado el bisturí de Dios llevándola como cheff con rumbo de piel condimentada.Murió en setiembre.Al revisar su heladera mi hermana encontró en el freezer un frasco con salsa hecha por ella antes del infarto inconcebible tal vez esperando a ser usada.Me llamó emocionada como voceando una gran noticia o por haber hallado (con todas las letras) un tesoro.Lo trajo a Rosario y descansó en su heladera hasta diciembre. El 30 recuerdo volvió a llamar para invitarme a que el 31 al mediodía almorzáramos juntas. Y así fue.  Esa noche la pasaríamos en familia como siempre. Con el resto. Con lo que quedaba después de la curiosa circunstancia de perder a la cocinera.Mi hermana preparó un arroz y allí fui a eso de las 12. Llegué y abrió el frasco de la última salsa.Mezcló los gránulos blancos con decisión de artista y por un instante volvimos a estar con ella, era un disfraz de dimensiones mínimas, materia desordenada de la historia.Estuvimos solas sin hablar durante la hora que duró la olla. Fue la última vez que la poesía femenina de mi abuela nos habitó a las dos únicas nietas refinadas por sus azúcares y sales. El arroz final y primitivo de sus ojos que nos ayudaría a resistir tantas cosas. La última energía de diciembre, el año nuevo, el nacimiento de la adultez, roca del almíbar viviente, una esencia balsámica para precipitar el tiempo y el deseo.Después de comer las dos supimos algo.No se qué. Quizás a amarla en forma conyugal, agradecidas.La digerimos toda. Sus peripecias domésticas nos hicieron mejores aquél día.Empapándonos de un año nuevo extremo.  

  Beatriz G. Suárez.

 

Publicado diciembre 30, 2005 por rosawrosa en Cuentos...

¿La vida cómo mérito o cómo don?- P.IdarHidalgo.   Leave a comment

 
             

¿La vida como mérito o como don?
 

Hay dos maneras de ver la vida: como mérito o como don:
 Cuando la vemos como mérito, como dicen los argentinos "siempre nos falta un veinte para el peso", nunca es suficiente lo que se nos da, y siempre estamos en actitud de que los demás no hacen lo suficiente por darme lo que merezco, yo pongo todo lo necesario para que los demás sean felices pero los otros no hacen nada para que yo sea feliz, yo he cumplido, yo he hecho todo lo posible y nadie me paga mi entrega, todos me deben, soy un acreedor de la existencia, y puedo pasarme la vida cobrando a todos lo que me deben; desde luego con una carga de amargura, de tristeza, de desanimo, desesperanza.
 Esta visión de vida nos conduce a estar inconformes frente a todo, incluso frente a Dios, porque el mismo Dios debería reconocer mis méritos que siento que ya he ganado, incluso los triunfos no podemos disfrutarlos en está actitud porque son facturas que nos están pagando, son derechos que hemos adquirido.
 Desde luego en esta actitud de vida la soberbia nos esclaviza, y rivalizamos con los demás, y todo lo veo como agresión, todo es competencia, y dejamos nacer el juicio, y racionalizamos nuestros fracasos, justificamos nuestras caídas, nos hacemos víctimas de la vida y de todo lo que nos rodea. Caminamos con una gran inseguridad, teniendo la seguridad en nuestros pequeños e intrascendentes logros.
 Está visión de la vida no me permite ver al otro porque me empeño en verme a mi mismo, estoy más atento en lo que doy que en lo que recibo. Lo que doy lo valoro mucho, lo que recibo lo deprecio o menosprecio, porque al fin y al cabo “Yo merezco algo más y mejor”
 La segunda visión de la vida, es decir, la vida como don, todo lo vemos como regalo, todo lo vemos como gratuidad, y entonces tenemos sentimientos y razones para vivir agradecidos, porque sabemos que se nos da más de lo que merecemos.
 Todo es gracia, todo es don, y la vida la percibimos más como deudores de ella, debemos más a la vida de lo que nos pudiera deber, Dios nos da más que lo que pueden alcanzar nuestros méritos. Las relaciones con los demás, es compartir, no cobrar.
 Valoro más lo que se me da, que lo que yo puedo dar, busco manos vacías para llenarlas de lo que Dios gratuitamente me ha dado, no quiero llenar las mías porque están demasiado llenas, he recibido tanto, la vida ha sido tan generosa conmigo, Dios me ha dado tanto.
 Mirar así la vida nos hace brotar de nuestros labios GRACIAS, gracias por el aire, por la vida, por la salud, por los amigos, por la paz del corazón, gracias por los fracasos, por las noches del alma, gracias por todo, porque bien se que no se mueve la hoja del árbol sin la voluntad de su dueño. Y para el que ama todo le ayuda para su bien.
 Démonos la oportunidad de vivir agradecidos, de vivir enamorados, porque no importa cuales sean nuestras preguntas, la respuesta siempre habrá de ser la misma… AMAR.
 
P.Idar Hidalgo.

 
 

Publicado diciembre 30, 2005 por rosawrosa en Revoltijo...

La necesidad más agradable.   Leave a comment

 
                             
 
La necesidad más agradable. 
Una vez al día, por lo menos, nuestro viejo gato negro se acerca a alguno de nosotros de alguna manera que todos entendemos como un pedido especial.  No significa que quiera que lo alimenten o lo dejen salir, o algo así.  Su necesidad es de otra índole.
Si hay un regazo a mano, salta y se instala en él, si no, es muy probable que se quede parado, con la mirada añorante hasta que alguien le ofrece uno.  Una vez allí, empieza a vibrar casi antes de que uno le toque el lomo, le acarcie el hocico y le diga una y otra vez "qué lindo gatito es".  Entonces su motor, se pone en marcha, se retuerce para ponerse cómodo "agranda las manos".  Cada tanto uno de sus ronroneos, se descontrola y se convierte en un ronquido.  Lo mira a uno con los ojos abiertos de adoración y hace ese parpadeo lento y largo de confianza absoluta que tienen los gatos.
Después de un rato, poco a poco se serena.  Si siente que todo está bien, es posible que se acurruque en el regazo para hacer una apacible siesta.  Pero también es probable que salte y desaparezca para ocuparse de sus cosas. 
Sea como fuere él está bien.
Nuestra hija lo dice de una manera muy simple:
"Blackie necesita que lo mimen".
En casa, no es el único que tiene esa necesidad, yo la comparto, igual que mi mujer.  Sabemos que la necesidad no es exclusiva de ningún grupo de edad.  No obstante como además de padre, soy docente, lo asocio en especial a los jóvenes, con su necesidad raida e impulsiva de un abrazo, una palmada calurosa, una mano tendida, una manta arrebujada, no porque pase algo malo, no porque sea necesario hacer algo, sólo porque son así.
Hay muchísimas cosas que me gustaría hacer por todos los niños.  Si pudiera hacer sólo una, sería esta: garantizar a cada niño en todas partes, por lo menos unos buenos mimos todos los días.
Los chicos como los gatos, necesitan un tiempo de mimos...
Fred Wilbelms – Canfield-Hansen.
 
 
 

Publicado diciembre 30, 2005 por rosawrosa en Revoltijo...

El libro de tu vida.   Leave a comment

 
 

 
El libro de tu vida.
 
Hoy cierras un volumen más del libro de tu vida, pues acaba el año. Cuando comenzaste este libro todo era tuyo, te lo puso Dios en las manos, podías hacer de él lo que quisieras: un poema, una pesadilla, una blasfemia, un sistema, una oración… Podías… Hoy ya no puedes; no es tuyo, ya lo has escrito, ahora es de Dios. Te lo va a leer Dios el mismo día en que mueras con todos sus detalles. Ya no puedes corregirlo. Ha pasado al dominio de la eternidad.
Piensa unos momentos en esta última noche del año. Toma tu viejo libro y hojéalo despacio, deja pasar sus páginas por tus manos y por tu conciencia. Ten el gusto de verte a ti mismo. Lee todo. Repite aquellas páginas de tu vida en las que pusiste tu mejor estilo.
No te olvides de que uno de tus mejores maestros eres tú mismo. Lee también aquellas páginas que quisieras no haber escrito nunca. No.. No intentes arrancarlas. ES INÚTIL, TEN VALOR PARA LEERLAS. SON TUYAS, NO PUEDES ARRANCARLAS; pero puedes anularlas cuando escribas tu siguiente libro. Si lo haces, Dios pasará éstas de corrido cuando lea tu próximo libro en el último día.
Lee tu libro viejo en la última noche del año. Hay en él trozos de ti mismo, es un drama apasionado en el que el primer personaje eres tú. Tú en la escena con Dios, con tu familia, con tu trabajo, con la sociedad. Tú lo has escrito con el instrumento asombroso de tu libre albedrío sobre la superficie inmensa y movediza del mundo. Es un libro misterioso que en su mayor parte, LA MÁS INTERESANTE, no pueden leerlo más que Dios y tú.
Si tienes ganas de besarlo, bésalo; si quieres llorar, llora; llora fuerte sobre tu libro viejo en esta última noche del año. Pero sobre todo, reza sobre tu libro viejo. Tómalo entre tus manos, levántalo hacia el cielo y dile a Dios sólo dos cosas: ¡Gracias! y ¡Perdón!…. Después dáselo a Cristo.
No importa cómo esté, aunque tenga páginas negras. Cristo sabe perdonar. Esta noche te ha de dar Dios otro libro completamente blanco y nuevo. Es todo tuyo. Vas a poder escribir en él lo que quieras.
Pon el nombre de Dios en la primera página. Después dile que no te deje escribirlo solo. Dile que te lleve siempre de la mano… y del corazón..

Autor desconocido por mí.

 

Publicado diciembre 30, 2005 por rosawrosa en Revoltijo...