La esperanza.   Leave a comment

 
 
 
La esperanza.
 
Dicen que la esperanza ya estaba muy anciana. Se sentía muy débil y casi no se podía mover.
Al verla así en estado tan desalentador, Dios se compadeció. Delante de la anciana, apareció en una forma de luz. Ella, que ya casi no veía, pudo sin embargo reconocer la luz y sabía quien era.- ¿En qué puedo servirle? – le preguntó ella a Dios- Soy yo quien estoy aquí para servirte. "Has sido mi fiel servidora todos estos años. Toda vez que un hijo mío se encontraba en dificultades y no podía ver la salida de un problema, aparecías delante de él, no importando la hora o cuanto tenías que viajar. Lo alentabas y le devolvías la sonrisa en la cara. Viéndote ahora en tal estado, me siento obligado por tus servicios a ayudarte."
 Dime, ¿qué deseas?
La esperanza no contestó de inmediato.
 Tras pensar mucho, volteó su cara hacia Dios y le dijo:
– Quiero continuar a servirle a usted y a sus hijos, ya que yo también soy su hija. Pero, como ve, mal puedo moverme. Ayer oí el grito angustiado de una madre, pero estaba al otro lado del planeta y al llegar allá, no había que hacer por ella, pues se había quitado la vida.
 – hizo nuevamente una pausa y continuó – Si es posible, Señor, quiero dos cosas.
– Lo que sea.
– Lo primero que quiero son alas. Alas que me lleven más rápido que la luz hacia dondequiera que yo sea necesaria.
Sintiendo un leve comezón en la espalda, con dificultad la anciana esperanza llevó su mano a la espalda y constató dos hermosas alas brillantes.
– ¡Gracias, muchas gracias!
– Y ¿cuál es la segunda cosa?- Quiero que al comienzo del año yo sea joven de nuevo y durante el año, vaya envejeciendo hasta llegar al estado en que estoy hoy. Y cuando llegue a este estado, que nuevamente me convierta en una dulce niña…Antes que pudiese pensar en otra cosa, la esperanza miró a sus manos y las vio pequeñas y suaves como antes.  Nunca dejes morir la esperanza. Aunque esté vieja y todo parezca perdido, siempre es posible renovarla,
siempre es posible resucitar el corazón  y hacerlo latir de nuevo.
Aquellos que no saben por qué aman, son aquellos que realmente saben amar.
 
Autor desconocido por mí.
 
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Publicado noviembre 17, 2005 por rosawrosa en Cuentos...

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